Ariel Szarfsztejn

Ariel Szarfsztejn repasa su trayectoria hasta la conducción de Mercado Libre, su experiencia en logística, el uso de inteligencia artificial y su manera de trabajar con equipos.

Ariel Szarfsztejn no sabe programar, pero un fin de semana se puso a armar, con ayuda de un agente de inteligencia artificial, un programa para reunir sus análisis médicos de los últimos quince años. Quería tenerlos juntos y comparar los resultados. Se pasó ocho horas frente a la computadora.

Le dio instrucciones para buscar los estudios en los centros donde se había atendido, recuperar los datos y graficar su evolución. También le pidió que armara un diagnóstico. Mientras cuenta la experiencia, señala que su mujer puede dar fe de las horas que estuvo sentado ahí. Ella está entre el público.

No lo hizo por trabajo. Le daba curiosidad y se entretuvo probando.

Lo cuenta en una charla con estudiantes y graduados de Ciencias Económicas de la UBA. Aclara que es economista, que nunca ejerció y que de programación no sabe. Aun así, pudo armar el programa. Por eso les recomienda probar estas herramientas y aprender a usarlas: está convencido de que les van a hacer falta en su vida profesional.

El 1 de enero de 2026 quedó al frente de Mercado Libre. Galperin llevaba veintiséis años en el cargo, desde que fundó la empresa en 1999, y pasó a ser presidente ejecutivo. Nadie lo había sucedido en ese puesto hasta la llegada de Szarfsztejn.

Tenía 43 años cuando se anunció su nombramiento, en mayo de 2025. Había estudiado Economía en la UBA y completado un MBA en Stanford. Entró a Mercado Libre en 2017, convocado por Pedro Arnt, entonces director financiero, y desde 2023 presidía el negocio de comercio.

Aprender con gente a cargo

Su primer empleo fue en recursos humanos del Citibank. Después pasó a un laboratorio pequeño, en convocatoria de acreedores. Como el presupuesto no alcanzaba para incorporar a alguien con más trayectoria, le confiaron las áreas de producción y logística. Era muy joven y quedó a cargo de entre veinte y treinta personas.

Ahí se dio cuenta de que trabajar con gente era más complicado de lo que había estudiado. Los libros podían explicar qué hacer, pero después había que ponerse de acuerdo con personas de distintas edades, con otra experiencia y otras formas de trabajar.

Le habría servido saberlo al salir de la facultad. También tener más paciencia: quería avanzar rápido y se frustraba cuando las cosas tardaban más de lo que había imaginado. Con el tiempo entendió que no podía apurar todos los procesos de una empresa.

En Boston Consulting Group cambiaba de tema cada algunos meses: pasaba de trabajar con un banco a una empresa de consumo masivo o a un proyecto con el gobierno de Chile. Tenía que aprender rápido sobre cada uno. De ahí se llevó una manera de trabajar que todavía usa: ordenar la información y entender el problema antes de proponer una solución.

El MBA en Stanford terminó de acercarlo a la tecnología. Cuando volvió, entró a Despegar, donde empezó a trabajar con desarrolladores y a conocer el proceso de convertir una idea en un producto.

Nueve meses después, logística

Había entrado a Mercado Libre para dirigir estrategia. Nueve meses después quedó a cargo de logística, aunque sabía poco del tema. Se había involucrado porque las entregas podían frenar el crecimiento de la empresa. Ayudó a preparar un plan para construir una red propia y, cuando llegó la hora de ponerlo en marcha, le ofrecieron hacerlo él.

Según recuerda, cada envío quedaba hasta ese momento en manos del servicio postal del país correspondiente: Mercado Libre no tocaba una caja. Tuvo que abrir depósitos, organizar el transporte, desarrollar sistemas y contratar gente. Los pedidos seguían llegando mientras armaban todo eso.

Todavía lo considera el desafío más difícil de su carrera.

En 2018, Mercado Envíos tenía sesenta personas. En la charla calculó que hoy son unas setenta mil.

Para toda la compañía habló de alrededor de ciento treinta mil empleados, aunque admitió que ya no tenía el número exacto.

Según cuenta, su carrera dentro de la empresa cambió a partir de esa experiencia en logística.

Decidir sin quedarse paralizado

El entrevistador le pregunta cómo maneja la presión de decidir sobre millones de dólares y el trabajo de miles de personas.

“La receta más sana es la inconsciencia”, responde.

Dice que, si se pusiera a pensar en todo lo que puede pasar con cada decisión, le costaría seguir. Y la cuenta va más allá de los empleados: están los vendedores que viven de sus negocios en Mercado Libre y los compradores. Solo el año anterior, según contó, habían comprado en la plataforma ciento veinte millones de personas.

A veces se cruza con alguien que usa un QR de Mercado Pago para recibir un pago o pedir una ayuda. Dice que esas escenas le dan orgullo: puede ver para qué sirve el trabajo que hacen.

De su trabajo, hay algo que le gustaría que sus hijas recordaran: en 2018 participó en la puesta en marcha de una función que permite obtener rendimientos sobre el dinero disponible en Mercado Pago. Recuerda que entonces había unas cuatrocientas mil cuentas comitentes en Argentina. Para invertir, primero había que abrir una cuenta, completar formularios y elegir qué hacer con ese dinero.

Hoy, según cuenta, veinte millones de personas reciben rendimientos sobre el saldo que tienen en la aplicación.

Sobre lo que le toca hacer como CEO, vuelve al fútbol. Para explicar cómo se siente en Mercado Libre, recurre al Real Madrid: ya está en el equipo donde quería jugar; lo que sigue es ganar la Champions. Para él, eso significa que Mercado Libre y Mercado Pago sigan mejorando la vida de sus usuarios.

Preguntar por qué

Como CEO, le ocupa especialmente cómo transmitir a quienes llegan la manera de trabajar que encontró en Mercado Libre.

Dentro de Mercado Libre se comparan con un equipo deportivo de alto rendimiento. Esperan buenos resultados, competencia hacia afuera y colaboración entre compañeros. Dedica buena parte de su tiempo a que esa forma de trabajar se mantenga a medida que la empresa crece.

En su caso, le gusta conocer los detalles y preguntar por qué se hacen las cosas de determinada manera. Reconoce que esa insistencia puede desconcertar a quienes empiezan a trabajar con él. Pero también dice que muchas de sus mejores ideas aparecen al escuchar las respuestas.

No quiere estar encima de cada tarea. Busca entender lo suficiente para discutir una decisión y ayudar a resolver un problema. Se describe como exigente y justo, y agrega que intenta mantener un trato humano.

Elegir el próximo trabajo

Szarfsztejn dice que nunca tomó una decisión laboral pensando en un cargo que quisiera ocupar diez años después. Tampoco cree que hubiera podido planear el recorrido que lo llevó a dirigir Mercado Libre.

Si alguien hubiese trazado ese camino desde afuera, difícilmente habría incluido pasar de estrategia a logística a los nueve meses de entrar.

Prefiere hablar de lo que se puede decidir en cada momento: aceptar un trabajo que permita aprender, aprovechar una oportunidad y reconocer cuándo una propuesta no encaja.

Él ha hecho listas de ventajas y desventajas antes de cambiar de empleo. Aun así, reconoce que una parte de la decisión pasa por imaginarse en ese lugar, trabajando con esas personas, y prestar atención a lo que siente.

Al final de la charla vuelve sobre la actitud frente a las dificultades. Recomienda dedicar menos tiempo a preguntarse por qué las cosas salen mal y más a ver qué puede hacerse. Lo dice con pocas palabras: quejarse menos y resolver más.