
En un brazo, Ariel Sbdar tiene tatuado el logo de Cocos. En el otro, una expresión que conoce cualquiera que haya estudiado interés compuesto: (1 + r) elevado a la n. Se la hizo en 2022, durante el primer año completo de actividad de la empresa. Dice que quería recordarse algo que le costaba: dejar de pensar que la plata siempre iba a faltar.
Esa preocupación viene de su infancia en Corrientes, donde vio a su familia atravesar problemas económicos y a su padre buscar cómo seguir trabajando después de la crisis de 2001. Antes de estudiar finanzas, él mismo paseaba perros para tener plata propia.
Hoy es cofundador y CEO de Cocos, la plataforma de inversiones que cerró 2025 con dos millones de usuarios, ingresos por US$49,7 millones y más de US$2.000 millones en activos bajo administración. La compañía tiene cerca de doscientos empleados y avanzó sobre el negocio bancario con la compra de Banco Voii.
Cuando habla de plata, Sbdar vuelve sobre el miedo a perderla y la dificultad de disfrutarla, incluso después de haber ahorrado lo suficiente para vivir tranquilo.
Lo que quedó de la crisis
Sbdar viene de una familia judía sefaradí de Corrientes. Cuando describe su crianza, habla de una preocupación constante por lo que podía pasar. Usa una imagen exagerada para explicarlo: vivir preparándose para una bomba atómica. En ese ambiente, cuenta, gastar podía provocar culpa e invertir se sentía como un peligro.
Su padre trabajaba en el rubro maderero, con aserraderos y comercios. Entre los recuerdos de la crisis de 2001 están los muebles de cocina Johnson que vendía y que dejaron de tener compradores. La gente no tenía plata. Después vino el intento de encontrar otra actividad: la fábrica empezó a producir juegos de sillas de hierro.
Esa experiencia aparece cuando Sbdar habla de empresarios argentinos. Dice que muchos de los que conoce pasaron por el 2001 y tuvieron que empezar de nuevo. En la historia de su padre encuentra una referencia para sus propias decisiones, sobre todo cuando las cosas se complican.
A los dieciocho años se fue a Buenos Aires para estudiar Economía Empresarial en la Universidad Torcuato Di Tella. Llegó en 2010, conocía a poca gente y al principio vivió en la habitación de servicio del departamento de una prima.
Mientras cursaba trabajó en Restorando. En 2013 viajó a Tel Aviv y, según cuenta, ofreció trabajar sin cobrar en una empresa tecnológica. Más tarde consiguió una beca para hacer un máster en HEC París. Regresó a la Argentina en 2015 y pasó por Allaria Ledesma, Banco Macro y el Banco Industrial, BIND, donde llegó a ser jefe de estrategia.
Tenía un puesto estable cuando decidió dejarlo para comprar una sociedad de bolsa con Nicolás Mindlin. Pagaron US$50.000 por una firma cuya licencia estaba cerca de caducar.
A su familia le costaba entender por qué quería renunciar a un buen trabajo para meterse en algo incierto. Sbdar recuerda que su abuelo lo escuchó y le dijo que confiara. Años después, con Cocos en plena expansión, cuenta que las preguntas familiares se parecen bastante a las de entonces.
Cuándo alcanza la plata
Una de sus preocupaciones es la dificultad para disfrutar del dinero aun cuando ya se tiene suficiente. Lo ve, dice, en personas que llegan a los 65 años con propiedades y ahorros, pero siguen viviendo con miedo a quedarse sin nada.
Cuenta que, cuando se sienta con clientes en esa situación, les pide que ordenen los números: qué tienen, cuánto gastan y qué ingresos reciben. Hace las cuentas con ellos y trata de mostrarles cuánto podrían usar sin comprometer su futuro. Aun así, muchos no consiguen quedarse tranquilos.
Sbdar encuentra en el inglés una distinción que le sirve para hablar de riqueza: la diferencia entre rich y wealthy. Les da un sentido propio. La primera describe a quien tiene dinero; la segunda, a quien conserva la capacidad de volver a generarlo después de una pérdida o una crisis.
Por eso habla tanto del flujo de ingresos. Le interesa la posibilidad de sostener una forma de vida y recuperarse de un golpe. También cuestiona la asociación entre prosperidad y exhibición: autos caros, viajes o compras que se muestran en redes.
Según su experiencia, varios de los inversores con más patrimonio que conoce mantienen un perfil bajo. No publican lo que tienen y piensan bastante antes de hacer un gasto grande. Sbdar suele mencionar el costo de mantener un barco como ejemplo de una compra que puede pesar incluso para alguien con mucho dinero.
Su definición de abundancia pasa por necesitar menos. Es una idea que intenta aplicar también a su propia historia, después de haberse criado con la preocupación de que en cualquier momento podía faltar.
Optimista, pero con liquidez
Sbdar se considera optimista. Cree que el miedo permanente a la próxima crisis puede terminar siendo una mala compañía para invertir.
Lo explica con quienes esperaron una caída como la de 2008 para entrar al mercado. Algunos, sostiene, tampoco compraron cuando los precios bajaron: las noticias eran peores y el temor seguía ahí. La oportunidad que habían esperado no les alcanzó para decidirse.
Esa postura convive con una manera prudente de manejar parte de sus inversiones. Dice que mantiene una porción importante en liquidez y que la cartera propia de Cocos es conservadora.
También le cuesta elegir acciones individuales. Prefiere índices porque desconfía de la facilidad con la que un inversor particular puede convencerse de haber visto algo que los demás pasaron por alto. Del otro lado hay analistas y fondos que dedican equipos enteros a estudiar una compañía, hasta contar mediante imágenes satelitales los camiones que entran y salen de una fábrica.
Menciona a Cisco e Intel cuando quiere explicar que una empresa conocida puede ser una inversión difícil de recuperar si se pagó demasiado. Tener confianza en el futuro, en su caso, no elimina la preocupación por el precio de entrada.
Cuando lleva la conversación fuera de las inversiones, vuelve al disfrute. Dice que le preocupa llegar al final de su vida y sentir que postergó demasiado. Trabaja mucho y quiere seguir creciendo, pero también cuestiona la costumbre de reservar todo lo bueno para más adelante.
Las decisiones detrás del crecimiento
Cocos anunció la compra de Banco Voii por US$20 millones y obtuvo la aprobación del Banco Central en junio de 2026. Un mes después anunció la adquisición de Warren, una plataforma brasileña de gestión patrimonial, en una operación que en Brasil se mencionó cerca de los US$60 millones.
La escala del negocio le exige tomar decisiones que afectan a mucha más gente que al principio. Sbdar habla de la responsabilidad de conducir, junto con Mindlin, una compañía de casi doscientos empleados. Al mismo tiempo, siente que quedarse quieto también tiene un costo. Describe una competencia intensa y menciona a Brubank entre las empresas que lo obligan a seguir atento.
Dice que le gusta manejar riesgo. Eso incluye decidir cuándo exponerse más y cuándo reducir una posición. El entusiasmo por crecer no le evita la necesidad de revisar cuánto puede comprometer en cada momento.
Con la inteligencia artificial le pasa algo parecido: está fascinado por lo que puede hacer y la prueba personalmente. Participa en GitHub sin haberse formado como programador y promovió hackatones dentro de Cocos para que los empleados desarrollaran soluciones a problemas de su trabajo.
A medida que esas herramientas resuelven más tareas técnicas, él les da mayor importancia al criterio, la creatividad y la estabilidad personal. Habla de tener la casa en orden y se refiere tanto al lugar donde vive como a la familia, la pareja y los vínculos. Cree que los problemas en ese ámbito terminan afectando las decisiones del trabajo.
El tatuaje de 2022 sigue en su brazo. Sbdar lo vincula con aquella intención de cambiar su relación con la plata. Cocos creció desde entonces, compró un banco y salió a buscar negocios en Brasil. La pregunta que se hacía antes de todo eso todavía aparece en sus conversaciones: cómo dejar de vivir preocupado por lo que falta y empezar a disfrutar de lo que ya tiene.
