Ted Sarandos

Ted Sarandos pasó de recomendar películas en un videoclub a dirigir Netflix y negociar una de las mayores adquisiciones de la historia del entretenimiento.

De adolescente trabajaba en un videoclub de Phoenix. Lo que más le gustaba no era ver películas gratis, sino recomendarle a cada cliente algo que probablemente no hubiera elegido por su cuenta.

Muchos años después terminó al frente de Netflix y estuvo muy cerca de quedarse con Warner Bros., HBO Max y uno de los catálogos más importantes de Hollywood. Cuando llegó el momento de subir la oferta, decidió no hacerlo.

Sarandos creció en Phoenix, en una familia de cinco hijos. Su padre era electricista y estaba sindicalizado; su madre era ama de casa. Pasaba mucho tiempo viendo televisión y entrando a los cines para escapar del calor de Arizona.

Después llegó el videoclub.

Desde el mostrador veía cómo la gente recorría los estantes, daba vuelta las cajas para leer la sinopsis y preguntaba qué valía la pena llevarse. Sarandos descubrió que recordaba con facilidad películas, actores y directores, y que, además, era bastante bueno entendiendo qué podía gustarle a cada persona.

Décadas después seguía hablando de ese trabajo.

En febrero de 2026 contó la historia ante el subcomité antimonopolio del Senado de Estados Unidos. Ya era co-CEO de Netflix y estaba allí para defender una operación de unos 83.000 millones de dólares por Warner Bros.

Del videoclub a Netflix

Cuando Sarandos llegó a Netflix, la empresa todavía tenía unos pocos cientos de empleados y su negocio consistía en enviar DVD por correo.

La ventaja era bastante sencilla: el cliente ya no tenía que ir hasta el videoclub.

Después llegó el streaming. Y más tarde, las producciones propias: House of Cards, Stranger Things, The Crown y una lista que terminó convirtiendo a Netflix también en uno de los principales estudios del mundo.

Sarandos sostiene que la idea detrás de todo eso cambió menos de lo que parece: darle más opciones a la persona que está sentada frente a una pantalla tratando de decidir qué mirar.

Durante su declaración en el Senado habló de ese momento como “el momento de la verdad”.

Para Netflix, dijo, ahí no compiten solamente HBO, Disney o Paramount. También compiten la televisión tradicional y YouTube, una plataforma que, según Sarandos, hace tiempo dejó de ser simplemente un sitio de videos cortos para convertirse en televisión.

La operación Warner

Warner Bros. ofrecía algo que Netflix nunca había tenido.

No solamente estaban Harry Potter, DC, Los Soprano o Game of Thrones. También había un estudio con distribución cinematográfica, producción para otras compañías y más de cien años de películas y series.

En diciembre de 2025, Netflix llegó a un acuerdo para comprar el estudio y HBO Max.

Paramount tenía otros planes.

La compañía dirigida por David Ellison, con respaldo financiero de su padre, Larry Ellison, presentó una oferta hostil por Warner y empezó a subir el precio.

Sarandos salió a defender su operación.

Insistió en que Netflix no estaba comprando una copia de sí misma. Warner tenía negocios que su compañía no tenía, especialmente la distribución en salas y la producción de contenidos para terceros.

También recordó que alrededor de ocho de cada diez suscriptores estadounidenses de HBO Max ya tenían Netflix.

Ante los senadores prometió, además, mantener una ventana de 45 días en cines para las películas de Warner y seguir informando públicamente sus resultados de taquilla.

Lo dijo sabiendo que había motivos para desconfiar. Durante años, él mismo había cuestionado buena parte del modelo tradicional de las salas de cine.

Una audiencia complicada

La audiencia en Washington estuvo lejos de ser cómoda.

Detrás de Sarandos se sentó una persona disfrazada del personaje de Monopoly. Un senador le preguntó directamente si los monopolios eran buenos para Estados Unidos.

También hubo preguntas sobre el contenido infantil de Netflix, las donaciones políticas de sus empleados y la posición ideológica de la compañía.

Ted Cruz llegó a preguntarle si estaban sentados sobre “tierra robada”. Sarandos respondió que desconocía la historia del terreno.

Josh Hawley lo presionó para que se comprometiera con un sistema tradicional de pagos residuales para actores y trabajadores de la industria. Sarandos intentó explicar que Netflix utiliza otro modelo y suele pagar más dinero por adelantado.

Hawley le contestó que aquello sonaba como una forma muy larga de decir que no.

Pocos días después, Sarandos apareció en un podcast de Hollywood y le preguntaron si Netflix estaba dispuesto a subir su oferta por Warner.

Su respuesta fue bastante clara.

Dijo que Netflix siempre había sido disciplinada comprando compañías y contenidos, que muchas veces había preferido retirarse y que no tenía ningún problema en dejar que otro pagara de más.

Netflix se baja

No pasó mucho tiempo antes de que tuviera que demostrarlo.

A fines de febrero, Paramount aumentó su oferta hasta 31 dólares por acción.

Warner le dio a Netflix cuatro días hábiles para decidir si quería mejorar la propuesta.

Netflix necesitó menos de dos horas.

Respondió que no iba a hacerlo.

Sarandos llamó a David Zaslav, CEO de Warner, y le comunicó que Netflix se retiraba de una operación que podía haberle dado el control de franquicias como Harry Potter, Batman y buena parte del catálogo de HBO.

En el comunicado que firmó junto con Greg Peters, explicó que la empresa había llegado a un precio a partir del cual la compra dejaba de tener sentido financiero.

Wall Street recibió bien la decisión. Las acciones de Netflix subieron alrededor de un 10% en las operaciones posteriores al cierre.

Además, Paramount tuvo que hacerse cargo de los 2.800 millones de dólares que Warner debía pagarle a Netflix por romper el acuerdo.

Semanas después, durante la presentación de resultados del primer trimestre, Sarandos volvió sobre el tema.

Dijo que la experiencia había servido para comprobar algo importante dentro de Netflix: podían entusiasmarse con una operación enorme y, aun así, retirarse cuando el precio dejaba de cerrar.

Sarandos pasó buena parte de su vida profesional intentando entender qué vale la pena elegir.

Esta vez decidió que Warner, a ese precio, no.