Gustavo Mariani llegó a la energía por la puerta de las finanzas. Economista recibido en la Universidad de Belgrano y uno de los primeros argentinos en obtener la credencial internacional CFA, en 1998, se pasó años midiendo activos y carteras de inversión antes de terminar al mando de la compañía de energía integrada más grande del país. Hoy es CEO y vicepresidente del directorio de Pampa Energía, la firma que fundó en 2005 junto a Marcelo Mindlin, Damián Mindlin y Ricardo Torres, y que cotiza tanto en la Bolsa de Nueva York como en el mercado argentino.
Su recorrido explica bastante de cómo maneja hoy la empresa. Mariani no es un ejecutivo contratado desde afuera para dirigir: es uno de los dueños. Integra el grupo de control que retiene cerca del 20% del paquete accionario de Pampa, y ese doble rol —socio y conductor— le da una libertad para planificar a largo plazo que pocos CEOs profesionales tienen.
Del análisis financiero al control de una energética
La carrera de Mariani arranca en 1993, cuando entró como analista al Grupo EMES, por entonces llamado Grupo Dolphin, la sociedad de inversión de Marcelo Mindlin y sus socios. Escaló rápido: primero gerente de carteras, después socio gerente. Entre 2001 y 2003 ocupó la dirección financiera del conglomerado que agrupaba a IRSA, Cresud y Alto Palermo, con activos inmobiliarios, agropecuarios y comerciales.
El giro hacia la energía llegó con una serie de compras que después confluirían en una sola compañía: el co-control de Transener, el manejo de Edenor, centrales térmicas e hidroeléctricas repartidas por el país. En noviembre de 2005 esas piezas dieron forma a Pampa Energía, que en 2009 debutó en Wall Street. Mariani fue co-CEO hasta 2016 y vicepresidente ejecutivo hasta 2018. Su trayectoria tiene, además, un desvío llamativo para alguien de finanzas: entre 2011 y 2018 fue director de King Agro, la firma de botalones de fibra de carbono para pulverizadoras que fundaron sus hermanos Guillermo y Gabriel, y que en 2018 compró John Deere por completo.
La apuesta por Vaca Muerta y el petróleo
Durante buena parte de su historia, Pampa cargó con el sello de empresa eléctrica y gasífera. Encabeza la generación eléctrica del país y es el cuarto productor de gas, con algo más del 10% del total. En 2025 tocó un récord de 17 millones de m³ diarios de gas, aunque en promedio vende cerca de 13 millones, porque la demanda manda. Buena parte de ese gas viaja por la red de TGS, la transportadora que Pampa co-controla y donde Mariani es vicepresidente del directorio. Sobre el marco actual, con un Gobierno que empuja acuerdos entre privados y menos intervención estatal, fue claro: “Lo vemos con muy buenos ojos”.
El capítulo más reciente lo llevó a un terreno nuevo. Bajo su conducción, Pampa comprometió en 2025 una inversión récord de casi US$1100 millones, con entre el 70 y el 80% volcado a Rincón de Aranda, su área de crudo no convencional en Neuquén. El área ya tiene alrededor de quince pozos completados, entre veinticinco y treinta perforados y una quincena en producción. ¿La meta? Llegar a 50.000 barriles diarios hacia fines de 2026, con ventas anuales cercanas a los US$1200 millones a los precios actuales. Para mover ese crudo, Pampa participa del ducto Vaca Muerta Sur, con capacidad para 500.000 barriles por día hasta el Golfo San Matías, pensado para exportar. Y en gas, Mariani metió a la empresa en un consorcio junto a Pan American Energy, Harbour e YPF, con un 20% de participación, que espera los primeros barcos licuefactores hacia fines de 2027 para convertir a la Argentina en exportadora de gas natural licuado. El economista que empezó midiendo carteras hoy firma esos desembolsos, y su apuesta quedó atada al ritmo con que el país transforme sus reservas en producción y en dólares.
