Una taipa es un lomo de tierra que el arrocero levanta para retener el agua también es blanda por definición y, además, es buena parte de su capital. Una sembradora que la pisa con demasiado esfuerzo no la atraviesa sino que la desarma.
Ese fue el ejemplo que eligió frente a un auditorio de ingenieros, estudiantes y productores para explicar qué distingue a una máquina de Agrometal. A ese congreso no llevó una sembradora. Llevó un cuerpo de siembra.
Sobre una taipa no se puede aplicar mucho esfuerzo, dice, porque se desarma.
El que habla es Adolfo Felippa, CEO de Agrometal. Su carrera entera transcurrió en la industria automotriz: entró a Renault a los 18 años y salió de París para instalarse en Monte Maíz.
Ahora explica taipas.
Entró con 18
Cuando la conversación llega a por qué se movió, Adolfo Felippa no menciona el cargo: menciona las ganas. Dice que hoy tiene las mismas ansias que cuando arrancó en la automotriz y que quería hacer un cambio.
El salto más difícil fue de vocabulario, es decir que pasar de la jerga automotriz a la jerga del campo, enumera, estar directo en contacto con la tierra.
Su argumento sobre la industria a la que llegó no es sentimental sino de posición en la cadena y sostiene que ahí es donde arranca todo el sistema productivo alimentario, y que por eso lo que fabrica la empresa aporta a un eslabón que no admite reemplazo. Lo demás él cree que es transferible. La experiencia internacional y el método que aprendió en la industria automotriz se pueden llevar al campo.
La convocatoria vino de Rosana Negrini, presidente de Agrometal. Felippa entiende que su llegada respondió menos a una elección personal que a las necesidades de una nueva etapa. Cree que lo convocaron por los cambios que empezaban a producirse en el país y destaca que, desde entonces, trabajan y avanzan en conjunto.
Para ayer
El cambio en Agrometal no empezó con él. La compañía arrancó dos años antes de su llegada. Lo que cambió después es la velocidad, y ahí Felippa es explícito: se empezó a acelerar porque hace falta acelerar.
La razón que da es la apertura y a diferencia de buena parte de la industria nacional, que la mira con recelo, él la lee desde su propia biografía. Viene de afuera y competir afuera con fabricantes de otros países es lo normal. Sostiene que eso te hace mejorar.
De ahí se desprende el objetivo que ordena su gestión para mundializar la empresa y hacerla internacional, para llevar producto argentino a otros mercados. Lo que plantea como una oportunidad doble, para la compañía y para el país, y le suma un dato que en la Argentina no es menor y es que después de muchos años se pueda planificar y mirar el futuro con optimismo.
El único límite que él se pone es el reloj. También dice que no tienen tiempo, que tienen que correr, y define el plazo con una frase que repite como esta nueva Argentina lo pide para ayer.
Del surco 1 al 36
La estrategia se apoya en fierros concretos. Cuando presentó la nueva APX L, Adolfo Felippa aclaró de dónde salió el diseño, que no fue de la ingeniería, sino de lo que le pasaron los clientes.
El punto clave que marcaron los productores fue la uniformidad. Sostener la calidad de siembra desde el surco central hasta el más extremo —el surco 36— con el esfuerzo de carga repartido por igual en todos. Una máquina no se juzga por lo que hace en el medio, sino por lo que hace en la punta.
Ese criterio se replica en el resto de la línea, donde el desarrollo trabaja sobre tres variables que históricamente compiten entre sí como la operatividad de la máquina, la calidad de siembra y el cuidado del suelo. Mejorar una a costa de las otras dos es lo más fácil. Alinear las tres es la cuestión.
Por eso en los congresos la empresa cambió la lógica de exposición. La expectativa, explica, no es mostrar una máquina sino la evolución. Y lo más fácil de discutir técnicamente es el tren de siembra. Llevaron dos piezas: el cuerpo de arrocera, que también sirve para grano fino, y el CPR, el de grano grueso.
El formato le interesa por lo que vuelve. Lo define como un aprendizaje mutuo entre los ingenieros de la casa y los productores, una discusión sobre tecnología y sobre lo que se viene.
La hoja de ruta que traza a partir de ahí cabe en tres puntos: más tecnología, foco en el tren de siembra y escuchar al cliente para saber qué necesita.
Lo que no depende de él
Hasta ahí, todo es su decisión. El problema aparece cuando la conversación se corre al momento de la compra.
Felippa describe el escenario sin adornos: una Argentina difícil, atravesada por la evolución del dólar y por las tasas bancarias. En ese cuadro, la variable que define si una sembradora se vende o no queda fuera del alcance de la fábrica.
Su reclamo es directo. El productor necesita el acompañamiento de los bancos y para el campo eso es indispensable. Lo dice dos veces seguidas.
Reconoce un movimiento del Gobierno —la reducción de las retenciones, que califica como un primer paso— y de inmediato pide el siguiente: un empuje más con el tema de las tasas.
El combo
Para Felippa, la coincidencia entre su desembarco, los 75 años de la compañía y el nuevo clima económico no es casualidad sino una síntesis. Habla de un combo: su llegada, el aniversario y una Argentina distinta. La conclusión que saca es que también hay un Agrometal distinto.
El balance de la temporada de muestras lo confirma en esa lectura y dice que vinieron con expectativa, que se llevan buenos resultados y que la gente está viendo la diferencia.
Viene de una industria donde el lanzamiento de un modelo se planifica con años de anticipación y con el calendario en la mano.
Llegó a una donde el calendario fija la tasa.
