En agosto de 2021, mientras Estados Unidos se retiraba de Afganistán, casi todos los satélites de observación disponibles estaban asignados a sus organismos de defensa. Ese vacío lo cubrieron los satélites de una empresa argentina. Las imágenes permitieron identificar dónde podían aterrizar los helicópteros y qué zonas seguían fuera del control talibán. Cuando todo terminó, cuenta Kargieman, el equipo se quedó en silencio.
“Hoy hay cien familias vivas porque pudimos darles esa información en el momento indicado”.
La escena la cuenta Emiliano Kargieman, fundador y CEO de Satellogic, una empresa que cotiza en Nasdaq bajo el símbolo SATL, opera 21 satélites y los fabrica en Uruguay. Este año, además, estuvo entre las acciones de mayor suba en Wall Street. Kargieman vive en Barcelona.
Hay un dato que cambia el sentido de la historia: Satellogic nació con la decisión de mantenerse fuera del negocio de la defensa.
“Core fue mi MBA”
Nació en Palermo, hijo de psicólogos, y se formó en la escuela pública. A los nueve años le regalaron una computadora y aprendió a programar en Assembler porque, según cuenta, era tan malo jugando que perdía enseguida. A los doce se compró un módem.
Pasó buena parte de la adolescencia entrando de noche en sistemas ajenos como integrante de Hacked by Owls; por la tarde, iba unas horas al colegio. A los 15 años armó su primera empresa de software y contrató a compañeros del secundario. A los 17 trabajaba en la AFIP.
Empezó las carreras de Matemática y Filosofía en la UBA, pero no terminó ninguna de las dos. En 1996, con 19 años, fundó Core Security Technologies junto con Gerardo Richarte. Convirtieron en trabajo lo que hasta entonces hacía por diversión: entrar en sistemas para encontrar sus fallas.
Desarrollaron el primer software automatizado para realizar pruebas de penetración y sumaron clientes como Apple, Cisco y la NASA.
“Core fue mi MBA”, dice.
Se fue a los 30 años. Para entonces, el grupo de cuatro o cinco amigos que se reunía en un café de Belgrano se había convertido en una empresa con más de 400 empleados.
Después llegó lo que él mismo define como un error. En 2007 creó, junto con Jonatan Altszul, el fondo Aconcagua Ventures para invertir en otros emprendedores. El fondo duró tres o cuatro años y Kargieman lo recuerda como una etapa frustrante.
Era el auge de las redes publicitarias y el perfilado de usuarios, problemas que para él resultaban secundarios. De ahí surgió una lista de temas que sí le interesaban, relacionados con la energía, los alimentos y el agua.
En 2010, después de participar en un programa de la NASA y Singularity University en el Ames Research Center, volvió a asociarse con Richarte y fundó Satellogic.
“Una cosa llevó a la otra y terminé haciendo satélites casi sin darme cuenta”.
“Un par de espejos”
La empresa nació de una pregunta bastante directa. En aquel momento, un satélite de observación terrestre de alta resolución costaba entre US$300 millones y US$400 millones. Kargieman quiso entender de dónde salía ese precio.
“Tiene fibra de carbono, un poquito de electrónica, un par de espejos”, enumera. “¿Cómo puede costar 400 millones de dólares? Si yo te doy una camioneta y te digo: ‘Tomá, llenala de tecnología’, ¿cómo hacés para que cueste 400 millones? Es imposible”.
Su conclusión fue que la mayor parte de ese precio no provenía de la física, sino de las metodologías de ingeniería y del tipo de contratos mediante los cuales se compraba tecnología espacial.
La computación y el espacio nacieron como tecnologías de posguerra, dice, pero solo una atravesó una etapa de democratización. Los satélites que fabrica su empresa cuestan US$500.000 y cumplen la misma función.
Con esa idea construyó una constelación de alta resolución cuyo objetivo es volver a mapear todo el planeta cada día. Kargieman lo explica como una conversación con la Tierra: utilizar imágenes actualizadas para preguntar dónde están los buques petroleros del golfo de Ormuz o cuántos árboles se talaron en el Amazonas el día anterior.
“Hagan lo que quieran”
Nada salió como estaba previsto. En 2020 necesitaba capital, el mercado privado estaba cerrado y Satellogic llegó a Nasdaq mediante una SPAC, casi al final de esa ola.
“Ser una compañía pública no era el sueño de mi vida”, aclara.
Lo que siguió fueron tres años difíciles. El mercado se derrumbó y un cambio en las reglas de contratación del gobierno estadounidense retrasó su plan de negocios entre 18 y 24 meses. La empresa pasó de 470 empleados a 150 y luego volvió a crecer, todo a la vista del público.
El cambio más profundo llegó entre 2017 y 2018, cuando, según Kargieman, el mundo dejó de ser unipolar y entró en una lógica de conflicto permanente. Frente a eso, sostiene que no podían limitarse a fabricar tecnología y desentenderse de cómo se utilizaba.
Hoy, cerca del 90% de sus clientes pertenecen a los sectores de defensa e inteligencia, y las decisiones difíciles son cotidianas: a quién servir y a quién no cuando el pedido llega desde una zona en conflicto.
Ese giro que no buscaba es exactamente lo que el mercado terminó premiando. En 2026, la acción subió más de un 400% y la compañía superó los US$1.300 millones de valor de mercado. Los ingresos del segmento soberano de defensa e inteligencia crecieron un 80% interanual durante el primer trimestre.
Al mismo tiempo, Kargieman participa en Sur Energy, la sociedad que impulsa Stargate Argentina, un proyecto de centro de datos en la Patagonia con una inversión de hasta US$25.000 millones y una capacidad de 500 MW. OpenAI compraría capacidad de cómputo, pero no ingresaría como inversor. Por ahora, solo existe una carta de intención.
Kargieman busca un CEO para esa iniciativa porque su prioridad sigue siendo Satellogic. También reconoce el riesgo de invertir demasiado pronto, como ocurrió con las empresas telefónicas cuando extendieron fibra óptica por todas partes.
Sin embargo, plantea una dificultad mayor que conseguir capital: evitar que el proyecto quede asociado con un solo gobierno.
“Ojalá no se lo tome como un proyecto libertario solo porque empezó durante la gestión de Milei. Los proyectos de largo plazo necesitan el acuerdo de todos”.
La próxima prueba llegará en octubre, cuando comiencen los lanzamientos de Merlin, una constelación de ocho satélites con procesamiento a bordo que debería permitir completar el mapa diario del planeta. Satellogic espera tenerla plenamente operativa a comienzos de 2027.
