
Gastón Irigoyen se enteró de que Google buscaba empleados en la Argentina cuando le dieron un folleto a la salida de clase. La empresa empezaba a instalarse en América Latina y había repartido hojas impresas en una feria laboral de la Universidad de San Andrés. En el papel figuraban las instrucciones para postularse por correo electrónico.
Irigoyen mandó su solicitud y quedó. Según cuenta, fue el quinto empleado de Google en la región. Tenía formación en Relaciones Internacionales y hasta entonces había buscado trabajo en consultoras y empresas de consumo masivo.
Después trabajó en YouTube, fundó Guidecentral, pasó por Restorando y participó en la creación de Naranja X. En 2021 fundó Pomelo junto con Hernán Corral y Juan Fantoni. La compañía desarrolla tecnología para que bancos, billeteras y fintechs puedan ofrecer tarjetas y servicios de pago.
Los primeros años en Google y YouTube
Irigoyen suele decir que llegó a la tecnología casi por accidente. Había estudiado una carrera que le interesaba, pero al buscar trabajo encontraba que muchos puestos terminaban en manos de graduados en Economía o Administración. En varios procesos de selección había llegado hasta las últimas instancias sin conseguir el empleo.
Cuando apareció la oportunidad en Google, la empresa todavía estaba lejos de tener en Buenos Aires la presencia que tiene hoy. Se incorporó a fines de 2006, el mismo mes en que la compañía compró YouTube.
La oficina argentina comenzó atendiendo a clientes de América Latina que hasta entonces recibían soporte desde España e Irlanda. Con el tiempo, el equipo también asumió tareas comerciales: primero con anunciantes y después con grandes empresas.
Más adelante, Irigoyen se mudó a Dublín para trabajar en YouTube. La plataforma ya tenía videos que circulaban por todo el mundo, pero la compañía todavía estaba desarrollando su negocio publicitario.
Su trabajo consistía, entre otras cosas, en viajar por Europa y encontrar personas que publicaban videos y empezaban a construir una audiencia. Muchas todavía no sabían que podían vivir de ese trabajo. Irigoyen las ayudaba a profesionalizarse y a acceder al reparto de ingresos por publicidad.
También buscaba que organizaciones, como clubes de fútbol, mostraran en YouTube lo que ocurría detrás de sus actividades. La plataforma contaba con espacios de grabación en ciudades como Londres, Hollywood y Tokio.
La decisión de irse
A los 27 años, después de seis en Google, Irigoyen decidió renunciar. Le iba bien, pero quería probar si podía crear una empresa propia sin el respaldo de una compañía conocida en todo el mundo.
Tenía algunos ahorros y pensó que, si el proyecto no funcionaba, podría volver a buscar trabajo. Así fundó Guidecentral, una plataforma de contenido para dispositivos móviles y creadores.
La empresa nació en Irlanda y lo llevó a vivir a Nueva York. Cuatro años después la vendió en California.
Cuando regresó a la Argentina, se sumó al equipo directivo de Restorando, una plataforma para reservar mesas en restaurantes. En 2019, TripAdvisor compró la compañía.
Ese mismo año comenzó a trabajar en un proyecto financiero respaldado por el Grupo Galicia. La propuesta era crear un banco digital desde cero, con una operación separada tanto del banco como del negocio tradicional de Naranja en Córdoba. El proyecto se convirtió en Naranja X.
Fue allí donde se encontró con una dificultad que después retomaría en Pomelo: el tiempo y el trabajo que podía llevar lanzar una tarjeta o desarrollar servicios financieros sobre sistemas tecnológicos antiguos.
El origen de Pomelo
Antes de fundar Pomelo, Irigoyen y Corral habían trabajado juntos en Naranja X. Corral, además, había pasado doce años en Mercado Pago. Fantoni venía de Mastercard, donde había conocido problemas similares desde otro lugar de la industria.
Los tres veían que una empresa podía necesitar equipos de desarrolladores y muchos meses de trabajo para lanzar una tarjeta en un mercado. También sabían que cada país tenía sus propias reglas y que expandirse obligaba a resolver otra vez parte de esas dificultades.
Durante tres meses hablaron con banqueros, ejecutivos de empresas financieras y consultores. Querían entender si otros se encontraban con los mismos problemas y si necesitaban una solución. Después de esas conversaciones, fundaron Pomelo y empezaron a buscar inversores.
La idea era que un banco, una billetera o una fintech pudiera ofrecer servicios de pago sin tener que desarrollar toda la tecnología necesaria por su cuenta. Para eso crearon una plataforma que las empresas pueden utilizar para lanzar tarjetas y operar en distintos países.
Al elegir el nombre, buscaron que fuera corto, que se pudiera pronunciar en español, portugués e inglés y que sonara distinto a los nombres habituales del sector financiero.
Lo que pasa detrás de un pago
Cuando alguien paga con una tarjeta, intervienen distintos sistemas para identificar la cuenta, verificar la operación y comunicar a las empresas involucradas. Pomelo trabaja en esa parte del proceso, que ocurre detrás de cada pago.
La compañía procesa distintos tipos de tarjetas. Algunas están vinculadas a criptoactivos, remesas o gastos corporativos. Otras las usan repartidores para pagar las compras que entregan o camioneros para cargar combustible durante sus viajes.
Irigoyen cuenta que, en una ocasión, lograron poner una tarjeta en el mercado en cinco días. En otra, un cliente empezó a operar en un segundo país después de dos semanas.
Desde su fundación, Pomelo levantó 160 millones de dólares en cuatro rondas de inversión. La última fue coliderada por Kaszek e Insight Partners. La empresa emplea a unas 300 personas, opera en ocho países y trabaja con más de 150 clientes corporativos, entre ellos Santander, BBVA, Rappi y Western Union.
También anunció un producto global con el que busca competir en 150 países. Según Irigoyen, los ingresos de la compañía crecieron más de 250 % en los últimos dos años.
El trabajo que viene
Después de haber vivido el crecimiento de Google y YouTube desde adentro, Irigoyen sigue de cerca los cambios que trae la inteligencia artificial. Cree que las empresas van a necesitar ingenieros, matemáticos y científicos, pero también personas que sepan escuchar, trabajar en equipo y conducir a otros.
A medida que cambien las tareas, sostiene, harán falta tanto los conocimientos técnicos como la capacidad de relacionarse. También piensa que la inteligencia artificial puede cambiar el peso que tiene la experiencia a la hora de conseguir o mantener un puesto y, al mismo tiempo, abrir oportunidades para quienes recién empiezan.
Entre las cualidades que busca menciona la capacidad de llevar adelante proyectos, aprender lo necesario y encontrar soluciones con los recursos disponibles. En Pomelo ya usan inteligencia artificial para distintas tareas: las personas del equipo trabajan junto con agentes de IA para resolverlas.
Para Irigoyen, además, cada vez es más difícil marcar una línea entre un banco y una fintech. Los bancos suman tecnología y las empresas digitales ofrecen más servicios financieros. Lo que cambia, según él, es el lugar que ocupa la tecnología en cada organización.
Un proyecto para muchos años
En 2024, el Foro Económico Mundial lo distinguió como innovador global y participó en Davos. También recibió reconocimientos de Endeavor, la red de emprendedores de la que forma parte.
Cuando habla de su recorrido, Irigoyen vuelve sobre las horas de trabajo y los errores que hubo detrás. A quienes quieren emprender les recomienda buscar un problema concreto y aprender mientras intentan resolverlo. Los errores, dice, van a aparecer; lo que importa es reconocerlos y corregirlos.
Con Pomelo tiene un proyecto de largo plazo. Quiere que la compañía crezca, genere empleo y desarrolle servicios financieros en la región. Sabe que eso lleva tiempo y que es un camino distinto al de construir una empresa para venderla en cuanto aparezca una oportunidad.
«Nada bueno llega rápido», suele decir. En su caso, entre el folleto de Google que recibió en la universidad y la creación de Pomelo pasaron quince años de trabajo en tecnología, una empresa propia y una primera experiencia en servicios financieros.
