Horacio Turri es vicepresidente y director ejecutivo de Exploración y Producción (E&P) de Pampa Energía, y una de las voces técnicas que más se escuchan cuando se discute el futuro de Vaca Muerta. Ingeniero industrial recibido en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), nacido el 19 de marzo de 1961, conduce el negocio de gas y petróleo de una de las mayores compañías energéticas del país.
Su carrera en el sector arrancó a mediados de los ochenta y pasó por el trabajo de campo, la evaluación de proyectos de inversión y la conducción de empresas de generación eléctrica antes de recalar en Pampa. Ese itinerario le dejó una lectura de la industria que junta el pozo con el balance, y una silla en el directorio de la compañía como director suplente.
Desde su rol actual repite en cada foro una misma idea: el potencial de Vaca Muerta choca hoy contra un límite de superficie. Faltan caños para sacar el gas y el petróleo neuquinos hacia los mercados de exportación, y ahí se ubica el gran desafío de los próximos años.
Del pozo al directorio: la trayectoria de Turri en la energía
Entre 1985 y 1987, recién recibido, Turri trabajó en Schlumberger Wireline, la firma de servicios petroleros. Sumó después tres años en Arthur Andersen & Co. y, entre 1990 y 1992, evaluó proyectos de inversión en petróleo, gas y electricidad en la cerealera SACEIF Louis Dreyfus. Esa primera etapa combinó la operación en campo con el análisis financiero de proyectos.
El salto a la conducción llegó al mundo eléctrico. Turri fue director ejecutivo de Central Puerto S.A., de Hidroeléctrica Piedra del Águila y de Gener Argentina S.A., tres jugadores relevantes de la generación local. Con ese recorrido encima aterrizó en Pampa Energía, donde hoy responde por Exploración y Producción, el segmento que sostiene el crecimiento reciente de la empresa, con operaciones en once áreas de producción y el co-control de Transportadora de Gas del Sur (TGS).
El futuro de Vaca Muerta según Turri
“Los trenes del siglo XIX son los gasoductos y oleoductos”, resumió Turri ante el auditorio de la AOG Patagonia, en Neuquén. La imagen le sirve para explicar su diagnóstico: así como el ferrocarril convirtió a la Pampa Húmeda en granero del mundo, la cuenca neuquina necesita hoy sus propias vías —caños dedicados, plantas de tratamiento y terminales de GNL— para despachar la producción al exterior. De ahí su reclamo de una política agresiva en infraestructura.
En esa carrera, Pampa figura entre las seis compañías que empujan el oleoducto Vaca Muerta Sur. Sumado al proyecto Duplicar, de Oldelval, ese sistema apunta a habilitar una capacidad de evacuación de 800.000 barriles con destino de exportación hacia fines de 2027. Es la obra que, según su lectura, define cuánto podrá crecer la producción.
El terreno donde se juega esa apuesta se llama Rincón de Aranda. En la ventana de petróleo de Vaca Muerta, Pampa opera el bloque con equipos de perforación propios y proyecta pasar de unos 18.000 barriles diarios hacia fines de 2025 a alrededor de 45.000 en 2027. Para acompañar ese ritmo, la compañía levanta una planta central de tratamiento capaz de procesar 45.000 barriles diarios, una obra cercana a los 426 millones de dólares anotada bajo el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI).
El gas es la otra pata. Bajo su gestión, Pampa alcanzó un récord de 17,4 millones de metros cúbicos diarios en el segundo trimestre de 2025, empujada por El Mangrullo y Sierra Chata, que la mantienen como tercer productor del país. La empresa incluso empezó a exportar de manera firme hacia la región chilena del Biobío. Y Turri calcula que los proyectos gasíferos podrían sumarle a Vaca Muerta cerca de 120 millones de metros cúbicos diarios, un volumen que sólo cierra si encuentra salida más allá de las fronteras.
Turri no se hace ilusiones sobre el poder de fijar condiciones. En los mercados a los que aspira Pampa, la Argentina llega como tomadora de precios, y esa realidad marca la receta: bajar costos y ganar competitividad para que el barril y el metro cúbico neuquinos pelean de igual a igual con la oferta global. “El mercado es el mundo”, suele repetir para describir el tamaño del desafío. La foto de 2027, con el sistema de evacuación ampliado y Rincón de Aranda en régimen, será la prueba de esa apuesta.
