Jacob Schiff

Jacob Schiff, nacido el 10 de enero de 1847  en Fráncfort, Alemania, y fallecido el 25 de septiembre de 1920, fue un filántropo judío americano y banquero de Wall Street. El alemán, en gran parte, financió la estructura social de New York, se convirtió en un referente de la banca en el distrito y cooperó en varias organizaciones benéficas judías. 

Nunca le interesó ser reconocido ni tampoco aceptó que pongan su nombre en distintos edificios. Schiff siempre mantuvo un perfil bajo, con un estilo conservador y trabajador. Luego de haber incursionado en el mundo de la banca y de haber hecho contactos en USA, irrumpió en la competencia de ferrocarriles estadounidenses. Fundó algunas empresas que luego quebraron pero siempre apostó por la filantropía. 

Varios artículos y fuentes señalaron que los días después del fallecimiento de Schiff, muchos colegas han lamentado su partida e incluso la prensa ha hecho un seguimiento específico de su carrera. Muchos coincidieron en que fue un gran banquero de Wall Street pero mejor filántropo. 

Luego de varias idas y vueltas entre el 70 y el 80 entre Estados Unidos y Alemania, y con un par de compañías que no tuvieron éxito, Schiff se asentó en Kuhn, Loeb & Co. En esa misma banca asumió la presidencia cuando falleció el fundador. A medida que pasaron los años, Jacob se transformó en un líder del rubro e interfirió en la competencia de empresas ferroviarias. 

Tal fue la importancia del alemán en el rubro de los ferrocarriles que fue uno de los financistas de la Union Pacific, el primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos que conectó varios puntos del país. Mediante la banca, apoyó a Japón ante su conflicto frente a Rusia. El banquero fue crucial en el apoyo a las víctimas de los pogromos rusos, los ataques violentos desatados en los fines del 80 y principios de los 90 hacia comunidades judías en el imperio ruso.

“El ingeniero de la filantropía”

Así fue apodado el alemán tras su intachable trabajo con la población más vulnerable. Desde su visita todos los domingos a la mañana a los enfermos en los hospitales del Bronx, la asistencia a distintas personas que llegaban hasta la puerta de su casa, o las instituciones educativas que fueron sustentadas por sus donaciones. Schiff invirtió parte de su dinero en Harvard, la Biblioteca del Congreso y de New York, Instituto Tuskegee, la Cruz Roja, etc. 

En lo que respecta a su vida profesional, además de haber financiado la Union Pacific, fue parte de la creación de The Northern Securities Company, una empresa ferroviaria estadounidense impulsada por JP Morgan que controlaba las operaciones de los ferrocarriles de la parte norte del país. Fue Director de la Union Pacific, City Bank de New York y de Wells Fargo & Co. 

Muchos de estos puestos engrandecieron la figura de un banquero que acumuló mucho poder. Todo ese poder fue diversificado en organizaciones judías mediante donaciones que hizo para mejorar la vida de la comunidad. Schiff interfirió en los pogromos rusos y recibió la condecoración de Japón ante su ayuda hacia el país asiático en su conflicto bélico con Rusia.

La Orden del Tesoro Sagrado es una distinción entregada por el país asiático y el alemán fue dueño de esta ante su intervención. También obtuvo la Estrella del Sol Naciente y se convirtió en el primer extranjero en recibir el premio de manera presencial junto al emperador japonés en el Palacio Imperial. 

El ingeniero de la filantropía se destacó por muchas cosas pero el pueblo japonés le hizo saber su influencia en los pogromos rusos, los ataques violentos a las comunidades judías.

Jacob Schiff, un judío de fe

Nacido en Francfort se crió en un hogar ortodoxo y en New York, para no perder su apego, se concentró en las dos sinagogas más destacadas de la ciudad. Siempre acudía al templo, realizaba sus oraciones y agradecía. Siempre mantuvo sus ideales, por más que eso le llevará a confrontar con otras eminencias judías que pretendían cosas diferentes para la comunidad dentro del país.

Jacob sentía un profundo amor por Estados Unidos y por el judaísmo, e incluso sus declaraciones lo afirman. “Solo había un camino a seguir para los judíos estadounidenses: ser estadounidenses sin guiones” afirmó, y agregó que su apego al judaísmo “no era de raza sino de fe”.

Un hombre muy viajado que salió a ver el mundo y luego relató los sucesos más destacados que observó. Cuando regresó a Estados Unidos tras su paso por Japón y Medio Oriente, habló acerca del “Nuevo Mundo” y se refirió a los nuevos habitantes que desembarcaron en Norteamérica.

Sin dudas que su filantropía se  acrecentó cuando se estableció en Estados Unidos. Sin haber nacido en el país, se sintió uno más desde su llegada y siempre le interesó el panorama social. Schiff actuó en New York, donde residió varios años y trabajó como banquero, y apoyó a la comunidad judía tras los ataques del imperio ruso.